El Canario, Ave Macaronesica - Noticias Bio-Historicas

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© LAS AVES REDORNI - 1979

DIVULGACION ORNITOLOGICA

Por: Juan Régulo Pérez

EL CANARIO, AVE MACARONESICA

NOTICIAS BIO-HISTORICAS

II Coloquio de Historia Canario-Americana (1977)

En su redacción actual, esta comunicación se beneficia, con leves cambios y ampliaciones, de las observaciones que se me hicieron con motivo de la exposición oral de que fue objeto en la inauguración del II Coloquio de Historia Canario-Americana organizado por la "Casa de Colón" de Las Palmas de Gran Canaria, del 7 al 11 de octubre de 1977. Gustoso reitero mi sincera gratitud a todos, especial­mente a los profesores Ballesteros, Ladero, Lobo, Blanco y Siemens.

Hace algunos años, estando yo en Yugoslavia, un orni­tólogo de la Universidad de Zagreb me pidió un artículo, de tres o cuatro páginas, acerca del canario, con atención preferente a su historia isleña y a la supervivencia actual, para una revista de su especialidad. Un poco ale­gremente le dije que procuraría hacerlo y enviárselo cuan­do regresara a Canarias. Pero, al intentar cumplir mi pro­mesa, y una vez consultados los más conocidos ornitólo­gos insulares y los historiadores locales más prestigiosos, me hallé con la sorpresa de que nadie, absolutamente na­die, se había ocupado, en Canarias, seriamente, de este te­ma concreto. O, por lo menos, hasta ahora no he hallado nada a este respecto.

Acuciado por esta carencia de una monografía biohistó­rica acerca del más famoso de nuestros pájaros indígenas, empecé a ocuparme del tema con cierta insistencia, a con­sultar bibliografía ornitológica e histórica y a anotar todo lo referente a nuestro canario. Así, entre otras muchas no­ticias, hallé que a finales del siglo XIX Alemania producía unos 800.000 canarios al año, de los que unos 300.000 iban a América, en lotes de a 10.000, cada uno de estos lotes a cargo de un cuidador especializado. Y averigüé, asimismo, que ya, en 1556, el canario había llegado a Perú, según nos cuenta el Inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales, y que, según el Padre Vasconcellos, en su Vida do P. Anchieta, a éste, natural de Tenerife (traduzco), "le lla­maban el canario, por alusión a su patria, y por el pájaro que más agrada a los oídos de los hombres", afirmación que recoge también el Padre Antonio Franco, en su libro Vida do Admirável Padre José de Anchieta, con estas pa­labras (traduzco): "Tenía tal aire y alma, tanto espíritu y gracia y suavidad, que por antonomasia lo llamaban el Ca­nario, por alusión a esta ave a la cual las Islas Canarias die­ron su nombre, o ella a las Islas, y la melodía del canto y el aprecio en que se la tiene".

Al ser invitado a participar en el II Coloquio de Historia Canario Americana, me pareció que no estaría fuera de lu­gar presentar un resumen, reducido a una extensión ocho o diez veces menor que el estudio completo, ya en la fase de borrador (y sin ningún aparato bibliográfico aquí, natural­mente), de lo que he logrado averiguar a este respecto. Pi­do disculpa, si en algo no he logrado ser lo suficientemente explícito, debido a la concisión; pero anticipo que, cuando la monografía aparezca in extenso, todas y cada una de sus afirmaciones tendrán su aval o referencia adecuados, amén de dibujos y documentación gráfica.

Canario ancestral "de monte" como se le conoce en las Islas Canarias. De él descienden todas las razas de Canarios domésticos existentes en el mundo. (Foto: J. Moreno)

 

Cualquier intento de explicar la avifauna canaria ha de ligarse, necesariamente, al origen del Archipiélago y a sus condiciones fitoclimáticas. Canarias, junto con Azores, Madeira, Salvajes y Cabo Verde, constituyen una unidad biogeográfica denominada Macaronesia, hapología del griego . Tal término se debe a los investi­gadores Webb y Berthelot; lo acuñaron para su Histoire Naturelle des Iles Canaries, Paris, 1836-1844, sobre el nombre poético que los helenos dieron a Canarias, "las islas de los bienaventurados".

Dos son las teorías más importantes acerca del origen del Archipiélago Canario: la que afirma que las Islas estu­vieron unidas al continente africano, y la que niega rotun­damente tal conexión y les atribuye un origen volcánico. Sin entrar, en este resumen, en los fundamentos de cada una de estas hipótesis, en el estado actual de la investiga­ción se puede afirmar que las Canarias, con toda probabi­lidad, son de origen oceánico y que nunca estuvieron uni­das a Africa.

Desconocemos los cambios climáticos operados en la prehistoria de Canarias, aunque haya razones para supo­ner que sus fluctuaciones serían similares a las de Berbería, por lo menos en sus características principales. En la ac­tualidad, las Islas gozan de un clima muy peculiar y hetero­géneo que podemos considerar como subtropical y de tipo mediterráneo. Esto se debe fundamentalmente a dos facto­res esenciales: los vientos alisios y la corriente de Canarias. Teniendo en cuenta estos factores, a los que se unen la alti­tud de las Islas y su orientación, se pueden señalar diversas zonas climáticas insulares. Pero, a causa de su accidentada orografía, con numerosos barrancos, montañas y otros ac­cidentes, así como a la distinta constitución de suelos y ro­cas, se da la circunstancia de que las condiciones climáticas son variables en una misma cota. Por ello en Canarias exis­te una infinidad de microclimas que posibilitan y condicio­nan la presencia de biocenosis vegetales de composición distinta a la dominante en la zona, las cuales juegan un pa­pel importante en el mantenimiento y desarrollo de otros grupos vivientes. Estas circunstancias contribuyen, de for­ma clara y notable, al desarrollo y evolución de las especies existentes.

Así, debido al origen volcánico de las islas macaronési­cas, y a sus distancias respectivas del continente, no es pro­bable una colonización de aves y plantas continentales, y en muchos casos se puede afirmar que es imposible. No obstante, las Canarias poseen una flora y una fauna relati­vamente ricas y variadas. Veamos cuáles son nuestros co­nocimientos al respecto.

Según nos dicen los análisis de los geólogos, paleontólo­gos y biólogos sobre los fósiles y otros restos prehistóricos, el poblamiento biológico de Canarias tuvo lugar en la épo­ca terciaria, esto es, en un período de tiempo que va de se­senta a veinticinco millones de años antes de nuestra épo­ca. Durante muchos milenios a habido una inmigración espontánea de plantas y aves, de muy variada antigüedad. Si calculamos, teóricamente, que en cada milenio llegó a las Islas, por azar, una especie, en cincuenta millones de años, que es el techo temporal máximo que alcanzan las es­pecies más antiguas de que nos han quedado huellas, tene­mos más que suficiente para un poblamiento biológico mucho más denso que el que presentan los archipiélagos macaronésicos. En estas circunstancias, el tiempo es un factor que tiene un significado fundamental. Por lo de­más, en tan largo período han tenido lugar transformacio­nes ecológicas que han dado lugar a nuevas especies, de una parte, y, por el contrario, a que otras hayan conserva­do sus características arcaicas apenas modificadas.

Evolución divergente a partir del Canario domestico: A la izquierda Canario gigante ingles "Yorkshire", de 18 cm. y a la derecha Canario "miniatura" "Raza Española", de 11 cm. (Foto: "Club Raza Española).

Pero dejemos a geólogos, paleontólogos, biólogos y otros naturalistas los problemas de encontrar las claves de la colonización biológica de Canarias, y pasemos a la avi­fauna isleña, y especialmente a su representante más famo­so, el canario. Mas, antes de ocuparnos del canario por se­parado, vamos a presentar algunas generalidades de nues­tra avifauna insular.

Las Canarias poseen hoy una avifauna dominantemente paleártica, en parte más afín a la de Europa occidental que a la de Berbería. Sólo las islas de Cabo Verde, entre las nia­caronésicas, tienen un mayor número de elementos etiópi­cos. No menos de veinte especies que anidan en Canarias son de carácter paleártico europeo, y varias de ellas, locali­zadas en las Islas centro-occidentales, son propias de bos­ques y otros hábitat que contrastan violentamente con los áridos ambientes que hoy prevalecen en la vecina Africa continental. Entre ellas, el milano real, el gavilán, el águila ratonera, la chocha perdiz, el búho chico, el pico picapi­nos, el petirrojo, la curruca capirotada, el mosquitero co­mún y el reyezuelo sencillo, por mencionar sólo las más sorprendentes. Se registra la circunstancia de que varias de ellas no anidan en Berbería, y alguna ni siquiera en el sur ni centro de Iberia.

¿Cómo explicar este fenómeno de una avifauna palcárli­ca, cuyos parientes más próximos anidan en el norte de Iberia y aún más al norte? Este fenómeno puede explicar­se, en primer término, por el clima atlántico de que goza el Archipiélago, con vegetaciones y hábitats adecuados; pero es razonable suponer asimismo, que dicha característica guarde relación con situaciones ambientales pretéritas, más húmedas y frías que las actuales en el noroeste y oeste de Africa, durante los períodos glaciales, cuando estas zo­nas del continente tuvieron un clima distinto del que hoy reina en buena parte de Iberia, o incluso de Francia. Se fa­cilitaría así el salto colonizador a partir de los litorales afri­canos más próximos a las islas atlánticas. Pero si se tiene en cuenta que algunas de las especies de la avifauna cana­ria las constituyen aves muy migradoras, el éxito de la co­lonización pudiera deberse, a migrantes oriundos de leja­nas latitudes norteñas.

Sea como fuere, las Canarias cuentan, en primer lugar, con un pequeño grupo de especies endémicas que, en cierta manera, comparten con las restantes islas macaronésicas: la paloma turqué, la paloma rabiche, el vencejo unicolor, el bisbita caminero, la tarabilla canaria, el pinzón del Ten­de y el canario. No es fácil decir cuál pudo ser la especie madre continental de cada uno de estos interesantes ende­mismos insulares. Las dos palomas canarias podrían haber evolucionado a partir de sendas invasiones de una paloma torcaz continental. El vencejo unicolor derivaría de un vencejo pálido. El bisbita caminero desciende, muy proba­blemente, de un bisbita campestre. La tarabilla canaria, de la tarabilla común. Y el canario, a partir de un antiguo ver­decillo continental.

Tuvo que promediar un gran curso de tiempo para que las poblaciones correspondientes, circunscriptas a las Islas, evolucionaran hasta alcanzar el grado de nuevas especies. Quizá las inmigraciones originarias acaecieron ya antes de o durante el primer período glacial, esto es, hace unos dos millones de años. Entre el terciario y el cuaternario hubo un período frío que obligó a las aves a emigrar. Pero estas migraciones debieron de haber tenido lugar en distintas épocas, porque, por ejemplo, el pinzón del Teide, de color azulado por su asociación al medio, ha evolucionado hasta transformarse en una especie nueva, con individuos mayo­res que los pinzones ordinarios. Después, cuando llegaron otros pinzones, los que habían venido primero eran ya tan distintos, que no fue posible la hibridación. Si la hibrida­ción hubiera sido factible, tendriamos una sola especie uniforme, hecho que no se ha producido.

En consecuencia, podemos afirmar que nuestro pájaro, el canario, constituye una especie nueva, cuyo prototipo hay que buscarlo en el verdecillo continental. Este tuvo su hábitat en la parte sur de la región paleártica. Ello, si no es que tanto el canario como el verdecillo continental proceden de un prototipo común, ya desaparecido, y del que evolucionaron independientemente amibas especies.

Como es sabido, el canario es un pájaro de un tamaño medio de 12,5 cm. El macho es de color amarilloverdoso en la frente, región superciliar, garganta, pecho y rabadi­lla; tiene un bajo vientre y las intracoberteras caudales de color blanco, el rostro grisverdoso y salpicado de negro, remeras grises, coberteras verdeamarillentas y timoneras grises orilladas de amarilloverdoso. La hembra es de colo­res más apagados. Habita en campos, cultivos, barrancos donde abundan las higueras, montes de coniferas y lauri­silva. En estado natural vive sólo en El Hierro, La Palma, La Gomera, Tenerife y Gran Canaria. Anida en pinos, laureles silvestres, tagasastes, brezos, etc. Se alimenta de diversas sustancias vegetales, tales como yemas de plantas, semillas, granos y, sobre todo, higos, que son muy de su agrado. Puede vivir hasta 1.800 metros sobre el nivel del mar. En días muy calurosos se baña varias veces en fuen­tes, charcos limpios y corrientes suaves. De ordinario se le ve formando bandadas, que no es raro superen los cien in­dividuos en las zonas del norte de La Palma. El canario es fácil de domesticar. Y si por el brillo de sus colores en mo­do alguno puede competir con el periquito, el canario tie­ne, por el contrario, un canto vigoroso, con gorjeo trinado y armónico, que sólo cede ante el ruiseñor. El canario alcanza una edad media de unos doce años.

 Por su bello aspecto y por su canto privilegiado, los primeros conquistadores de Canarias, al comienzo del siglo XV, los normandos Jean de Béthencourt y Gadifer de la Salle, y sus acompañantes, llevaron a Europa los primeros ejemplares, ya en el primer decenio del siglo XV. Un poco después los marinos portugueses de don Enrique el nave­gante (quien, a pesar de su título, nunca navegó) ocuparon Madeira alrededor de 1420, de donde llevaron a su prínci­pe ejemplares de estos pájaros cantores. Al parecer, el pri­mer rey que poseyó canarios fue Enrique III de Castilla; se los llevó su vasallo feudal, el citado normando Jean de Béthencourt. Parece ser que fue este mismo barón Béthen­court, quien llevó los primeros ejemplares a Francia, y se los regaló a la reina Isabel de Baviera, esposa del rey Car­los VI de Francia. Esto ocurrió cuando el noble normando decidió hacer su segundo viaje de Canarias a Francia en 1410. Béthencourt nunca más volvió a su feudo canario.

Verdecillo (Serinus serinus). Es el pariente silvestre más cercano al Canario, do cual, sin duda desciende. (Foto: J. Moreno).

 

En las cortes europeas se empezó a apreciar el canto de los canarios, y así ya durante el siglo XV, pero, sobre todo, en el XVI, hubo hombres en Canarias que enjaulaban es­tas aves para su exportación. Según consta en numerosos documentos notariales inéditos que se custodian en los ar­chivos históricos de Canarias, en el Archivo General de Simancas y en varios archivos europeos, los canarios se ex­portaban masivamente a Madrid, Barcelona, Flandes, América, etc. Alexander Von Randa nos ha documentado cómo, desde Barcelona, a través del norte de Italia, llega­ban hasta Austria. Su precio era muy elevado dentro de la economía de la época. Un documento pasado en Canarias ante el escribano Diego de Alarcón, en 1546, nos dice que un "tratande de pájaros" vendió veinticinco docenas de canarios y dos canarios reclamos por veinticuatro doblas de oro. había ya en esta época especialistas en la cría de canarios, según se desprende de los contratos notariales. Las islas que exportaron en el siglo XVI fueron Gran Ca­naria y La Palma, aunque también hay menciones para Tenerife.

Conrad Von Gesner, en su libro Historia animalium, editado en Zurich en 1555, es el primer autor, que sepa­mos, que describe científicamente el canario, de acuerdo con los conocimientos de los naturalistas del siglo XVI. Von Gesner vio estas avecillas en un mercado de revendedores, cuando visitó París en 1534, y afirma que entonces se llamaba al canario, vulgarmente, auicula sachar¿ es de­cir, "pajarito de azúcar”. Esto se explica porque, a fines del siglo XV y en la primera mitad del XVI, las Canarias eran una región famosa por su exportación azucarera -hasta el punto de que en algunos lugares de Europa, y hasta en algunos mapas, a las Canarias se las llamaba Islas del Azúcar o País del Azucar-, y así se opinaba que estas aves vivían en las plantaciones de cañas, de las que se ali­mentaban, y que, por ello, cantaban tan dulcemente. Esta es la primera de las leyendas sin fundamento que entorno a nuestro pájaro se propagaron por Europa, pues el libro de Von Gesner tuvo mucha fama y se reeditó numerosas ve­ces. No menos pintoresca es otra leyenda, según la cual el canario gustaba mucho de las uvas, y, por esto, en las épocas en que se alimentaba con esta fruta, cantaba con una inspiración y un vigor más acusados.

 

Canario "Lizard". Se tiene a estas razas de Canarios domésticos por una de las más antiguas, habiendo sido seleccionado en Inglaterra. (Foto: H. Müller).

 

Canario rubino. La Canaricultura moderna cuenta con una gran variedad de Razas e variedad de Canarios. (Foto: José Moreno).

 

A través de las pajareras de los reyes y de la alta nobleza, el canario se extendió primero por Francia y después por Inglaterra, Flandes y Europa central, y desde aquí por to­da Italia. En seguida, los burgueses comenzaron a apreciar este pájaro y a negociar con él. La cría del canario se pro­pagó y prosperó en Europa hasta tal punto, que ya no fue necesario continuar cazando, exportando y vendiendo el canario de la tierra, gracias a lo cual se han conservado hasta el presente en su atedio natural canario. Y esto aun­que el libro más divulgado acerca de la cría de canarios he­cho en españa, con 16 ediciones hasta el momento, debido al ornitólogo Leonardo Carreras, afirma que "su caza des­piadada dio como resaltado, con tiempo, la total desa­parición de los canarios de su primitivo estado de libertad en las selvas...''. Otra leyenda más.

Debido a su cria y cuidado en cautividad, junto con cru­ces y selecciones, el prototipo canario del ave se transfor­mó profundamente, y empezaron a aparecer variaciones de color sobre las plumas de las alas y de la cola. Así, poco a poco, se produjo una mutación de todo el plumaje, hasta convertirse en amarillo. Al mismo tiempo, el cuerpo sufrió otras transformaciones, lo mismo que la disposición del plumaje. Los pajareros quedaron encantados con estas mutaciones, que consideraron -y con razon- muy valiosas. Al parecer, el primer pais que estableció la industria de la cría de canarios fue Flandes. Los flamencos, hombres lentos, laboriosos, amantes de la vida en el interior de su casa, lograron, después de cruces pacientes entre los ejemplares más característicos, nuevas variedades. Y cuando, debido a la ocupación española, en el siglo XVI, muchos flamencos debieron exiliarse, lo hicieron con sus canarios domésticos. Algo semejante a lo que se dio cuan­do las huidas en masa provocadas por la grandes guerras de 1914 y 1940, en que se veían sobre Ias carreteras de Europa jaulas con canarios, que los evacuados llevaban entre sus pertenencias más queridas. Los flamencos del si­glo XVI emigraron principalmente a Inglaterra, y a partir de entonces hay en Gran Bretaña una tradición ininte­rrumpida de cría y cuidado de estos pequeños cantores. En la actualidad, las mayores industrias que se ocupan de la cría del canario se hallan en Alemania, Gran Bretaña, Ho­landa y Estados Unidos de Norteamérica. En Alemania, sólo en la región de Harz, muy famosa por su cría de cana­rios, se produjeron en 1930 más de 250.000 individuos, de los que se exportaron a América 200.000, a Gran Bretaña más de 30.000, y el resto a otros países. Hoy mismo la Re­pública Federal de Alemania es el primer productor mun­dial de canarios.

Ya hemos hablado más arriba de la leyenda de que el canario se alimenta­ba con azúcar y que por ello cantaba tan dulcemente; de la leyenda que le atribuyó un vigor especial para el canto cuando se alimentaba con uvas, y de la leyenda de su extin­ción en Canarias en estado silvestre. Ahora es Inglaterra el lugar donde se desarrollan dos nuevas leyendas acerca de nuestro pájaro dorado. Maree Legendre, ornitólogo fran­cés, en un libro editado en 1962, nos dice que Sir Walter Raleigh regaló a  Isabel I de Inglaterra, en 1580, algunos canarios, y que la reina comentó que su belleza no justifi­caba un viaje tan largo. A lo que Sir Walter replicó que es­perara unos dias y que entonces se entusiasmaría con su canto maravilloso. No sabemos de dónde tomó el señor Legendre esta anécdota, que tiene, a nuestro parecer, to­das sus apariencias de ser apócrifa, porque no sabemos que Sir Walter estuviera nunca en Canarias. Pudo haber ad­quirido los pájaros fuera de las Islas, pero en ningún trata­do especializado de los que hemos consultado en las biblio­tecas británicas se hace mención a este regalo, ni tampoco consta que la reina Isabel I de Inglaterra hubiera tenido ca­narios en algún momento. Es también el mismo señor Le­gendre, vicepresidente de la Sociedad Ornitológica de Francia, quien nos informa que la mutación en virtud de la cual el color original del canario se transformó en amarillo áureo se produjo en Inglaterra, y que, en consecuencia. Shakespeare pudo decir, en uno de sus poemas, para hala­gar a Isabel I, en cuya pajarera se había producido la mu­tación, que la mirada de la soberana era más fuerte que el sol del Atlántico, porque la reina, al mirar al pájaro, había convertido su color en áureo. Pero, una vez más, todos los sintomas confluyen para que podamos asegurar que esta afirmación es falsa. Hemos consultado la con­cordancia de todas las voces usadas por Shakespeare, don­de hemos comprobado que el dramaturgo usó la palabra canary dos veces como nombre de cierto vino, y dos veces como nombre de cierto baile, pero nunca como nombre de un ave. Y en el monumental Oxford English Dictionary la más antigua documentación acerca del uso en inglés de la voz canary aplicada a nuestro pájaro data de 1665, es de­cir, de treinta y nueve años después de la muerte de Sha­kespeare. Apenas podemos comprender cómo un científi­co responsable, como seguramente lo es el señor Lagartera, pudo dar cabida en su tratado a tales informaciones apó­crifas, sin tomarse el trabajo de comprobar su autenticidad.

El canario, como tantos otros animales, ha sido materia para leyenda durante los pasados tiempos. Se decía que el Canario si alimentaba de azúcar en estado silvestre, por lo que cantaba tan "dulce". (En la foto de H. Müller, un canario "Border Fancy" inglés.

 

Otra leyenda dice -y vamos por la sexta- que, durante el siglo XVI, un barco que navegaba entre España y Lior­na, con muchos canarios enjaulados, naufragó en el golfo de Génova; pero que los marineros soltaron los pájaros antes de que el barco se hundiera, y que asi éstos se salva­ron y se refugiaron en la Isla de Elba, donde fundaron una colonia, se reprodujeron y dieron origen a los canarios ita­lianos. Esto es lo que nos cuenta Pietro Olina en un libro que publicó en Roma en 1622. Mas, aunque el hecho en si pudiera haber ocurrido, todas las probabilidades indican que se trata de un «mixtifori» de la realidad, a fin de expli­car la existencia de los fringílidos indígenas del Mediterrá­neo. Las narraciones apócrifas tienen una fuerza peculiar que las transforma y les permite seguir viviendo. Porque todavía en 1973 -y llegamos a la séptima leyenda- el se­manario británico «Cage and Aviary Birds» afirmó, en un ar­ticulo de fondo, que, si bien se supone que los canarios sal­vajes de los archipiélagos atlánticos son los antepasados de todos los canarios existentes, la verdad, en contraposición a tan arraigada opinión, es que estos pájaros no proceden de Canarias, sino que fueron importados. Según dicho se­manario, un barco de vela que en Liorna cargó muchas jaulas con tales pájaros, encalló en Canarias y comenzó a hundirse; entonces un marinero libertó a los pájaros en­jaulados, quienes, debido a esto, se multiplicaron en Ca­narias, y desde Canarias se propagaron a los demás archi­piélagos atlánticos. Se trata, como puede verse, sólo de una metamorfosis de la leyenda de Olina. Porque los mi­tos, las leyendas -repetimos- tienen la piel muy dura, y nada hay más difícil de erradicar que una narración apócrifa recibida...

 

En la actualidad gran cantidad de "razas" o Variedades de Canarios pueden ser contemplados en los buenos concursos de Canaricultura. En la foto de J. Moreno, Canario Izabela Pastel Naranja Nevado.

La fama del canario se cimenta, como repetidamente he­mos anotado y es notorio, en su canto, en el que, además, puede ser educado. Sin entrar en detalles de cómo se los educaba antiguamente con organillos, y hoy por otros me­dios, especialmente en Alemania y en Estados Unidos, mencionemos que la primera referencia extensa que cono­cemos, hecha por Juan Bautista Xamarr6, en su libro Co­nocimiento de las diez aves menores de jaula, su canto, en­fermedad, cura y cría, aparecido en Madrid, en 1604, en el capitulo «De la naturaleza y propiedad del canario», dice:

«La más música destos es del ruiseñor y mucha del par­dillo; y si no tuviera dos faltas, la primera chirrear y la se­gunda que hace chau, chau, y tuviera las quexas tan grue­sas como el pardillo, fueran tan buenos como el pardillo. Tienen estos pájaros en la música muy suaves vueltas, ansí dentro como fuera dela música; y que de la misma manera tienen un chau, chau, muy gracioso con su chuin y qui, qui y vis, vis; y, en suma, contrahace en mucha aorte de su música al pardillo y en todo lo demás al ruiseñor. Y para que sean perfectamente buenos han de ser muy continuos y muy largos en el canto y no en la vuelta, sino en muchas juntas y muy largas. Si este pájaro alzara tanto la voz co­mo el ruiseñor fuera más estimado que él. Porque éste can­ta todo el año y los ruiseñores poco más de tres meses al año.”

Desde fines del siglo XVI, la cria del canario, como de­jamos dicho, se intensificó cada vez más y más de modo que ya en 1713 Herviex de Chanteloup relacionó 29 varie­dades criadas en Francia, con indicación de que la cria de canarios estaba ya entonces muy extendida en este pais, lo mismo que en los países vecinos. Actualmente se conocen en España, además de las de la tierra o silvestres, las si­guientes variedades de canarios: amarillos, (intensos, ne­vados y mosaicos), verdes (intensos-«junquillos», y neva­dos), gris común-«pizarra» y gris-azul, bronces (intensos, nevados y mosaicos), ágatas, brunos (canelas), isabelas, blancos dominantes, blancos recesivos, marfiles, opales, rabinos, Lutinos, albinos, satinés, «alas grises», pasteles, pios, moñudos, etc.

Por otra parte, al haber sido hibridados todas estas va­riedades de canarios con un pequeño fringílido sudameri­cano, el Cardenalito de Venezuela (Spinus cucullatus) de intenso color rojo carmin, los canaricultores modernos han logrado introducir este color en los canarios domésti­cos actuales, sin perjuicio de su diseño ancestral.

A estas variedades de canarios de color como le denomi­nan los canaricultores, han de sumarse otras tres varieda­des originadas en España y seleccionadas del canario an­cestral de las islas, como son el canario «Timbrado Espa­ñol» (variedad de bellísimo canto), el canario de «Raza Es­pañola» (variedad «miniatura» de fantasia) y el «Giboso Español» (variedad de «postura»).

Existen, sin embargo, otras muchas variedades de cana­rios actualmente cultivadas en todo el mundo, las cuales si bien provienen todas del mismo tronco (el canario silves­tre) ofrecen grandes diferencias entre si con motivos de ri­gurosas selecciones genéticas. Asi tenemos el canario de canto «Roller del Harz» (seleccionado en Alemania), el ca­nario de canto «Malinois» (seleccionado en Bélgica), las razas inglesas de «Lizard», «Yorkshire», «Norwich», «Border», «Lancashire» «Fife Fancy», etc.; las razas de canarios rizados, como el «Rizado de Paris», «Rizado del Norte», «Rizado del Sur», «Gibber Itálicus», «Giboso Es­pañol», «Paduano», «Milanbianco», «Rizado Suizo», etc. Otras muchas variedades de canarios, domésticos po­co conocidas, aún se van originando en Europa, América y Japón, habiéndose extinguido, a lo largo de los siglos, otras variedades, de las que poco o nada, escrito nos ha lle­gado a nuestro dias.

Se ha tratado de conseguir por medio de selección e hi­bridaciones, sin resultado hasta hoy, canarios negros, aun­que hay tratadistas que recogen afirmaciones en el sentido que algunos canaricultores lograron canarios de este color. Parece que estamos ante una leyenda más. Pero no descartamos que por cruces y alimentos adecuados, y con la colaboración de canaricultores y de especialistas en ge­nética, podamos ver aún nuevas variedades de este maravi­lloso pájaro modelable...

Pájaros domésticos seguramente alegraron con su pre­sencia las viviendas del hombre desde la Edad de Bronce. Sin embargo, como acabamos de ver, el símbolo auténtico de los pájaros de jaula, el canario, no apareció en Europa hasta el siglo XV, y su cría en masa y consiguiente indus­trialización se efectuó sólo a partir del siglo XVI. El cana­rio ha mostrado una capacidad de adaptación y plasticidad semejantes a la del gallo de la jungla o a la de la paloma bravia, y su crianza selectiva ha producido, como acaba­mos de ver, muchas variedades de color y forma. Hasta la primera Guerra Mundial, el canario fue el soberano de los pájaros de jaula; pero desde los años veinte de este siglo le hace una gran competencia el periquito. Lo más probable es que los millones de periquitos que viven en cautividad superen hoy las bandadas de sus hermanos todavía silves­tres, lo mismo que los millones de canarios enjaulados superan muy ampliamente los más o menos 100.000 ejemplares que hoy viven libremente en Canarias, a los que hay que añadir los de Madeira y Azores, muchos menos en nú­mero.

En varios países existen leyes que prohíben enjaular aves del territorio propio; pero, a pesar de estas leyes, diaria­mente aumenta el número de aves que viven en cautividad. Los ornitólogos, y cada vez más y más grandes sectores de amantes de las aves, que quieren ver cómo viven, prefieren verlas en su medio natural, en su manera de desarrollarse y evolucionar en libertad. Desde aquí, en nuestra modestia, nos pronunciamos por el mismo punto de vista.

Un pequeño fringílido sudamericano, el Cardenalito de Venezuela (Spinus cucullatus),ha sido el origen de toda una gama de nuevas Variedades de Canarios, los "rojos", pues el cruce con la hembra Canaria, proporciona híbridos fecundos (los "F1") que transmiten el vivo color del Cardenalito a sus descendientes. (Foto J. Moreno).

Ingleses, holandeses, belgas e franceses fueran en el pasado los "creadores" de buen número de "razas" de  Canarios de "postura" y de "fantasía". En la foto de H. Müller, un Canario "Gloster Fancy Corona".

 

Antes de terminar este resumen apretadísimo de nuestras investigaciones acerca de las noticias bio-históricas del canario, queremos añadir que nuestro pájaro, en su histo­ria europea, pero especialmente en su historia francesa, logró atraer la atención de numerosos artistas, quienes por medio de la pintura y de la poesía eternizaron su belleza.

En el «Mercure Galant», revista francesa, en 1678, se pue­de leer el siguiente madrigal:

Je vins exprès de Canarie

Pour le service de Sylvie.

Je la servis fidèlement

Et cette nymphe estait si belle.

 Que je ne chantai que pour elle

 Et pour ses amis seulemente.

 

 

  

En et «Volière des Dames», editado en Paris, en 1816, se lee este otro:

Muse, chante avec moi son port plein de noblesse,

Son air plein de candeur et mêlé de finesse;

 Les doux feux de ses yeux ennemis du sommeil,

Son plumage semblable au plus brillant vermeil.

L'éclat de sa blancheur à propos ménegée,

Son panache pompeux, sa taille dégagée.

 

Y el autor inglés William Kidd dijo (traduzco):

... Es la diversión de nuestras señoras, la alegría y el consuelo de la modistilla. Proyecta su rayo de oro y un poco de música sobre los ajuares pobres- Suprimir el ca­nario seria arrebatar una distracción inocente a las fami­lias pobres que, bajo su techo triste, tienen la necesidad de oír cantar a una de las voces de la Naturaleza.

 

Los pintores representan, por lo común, a nuestro pája­ro en color de oro, dócilmente posado sobre la mano de una hermosa dama, en la que reemplaza a la rosa tradicio­nal. Entre otras, hay una bella pintura de Jean-Baptiste Vanloo (1684-1745) que nos presenta a Madame de Prie, amante del duque de Borbón, ministro de Luis XV. Jean­ Michel Moreau el Joven (1741-1814) hizo más tarde, sobre esta pintura, un grabado sobre el que escribió este cuarteto:

Sur voire belle main ce captif enchanté,

De l'aille méprisant le secours et l'usage.

Content de badiner, de pousser son ramage,

N'a pas pour Hre hereux besoin de liberté.

 

Jean-Baptiste Greuze (1725-1805) asocia el canario al rostro delicado de su esposa, su modelo favorito; y Lavreince, pintor de escenas galantes, nos presenta una joven belleza desnuda de ropas con un canario bien vestido de plumas. Un cuadro encantador de Louis Léopold Boilly (1761-1845) nos da a una joven señora y a su sirvienta escuchando, al mismo tiempo que al canario familiar, a un or­ganillo mecánico para adiestrar canarios.

Los criadores italianos también han seleccionado varias "razas" de Canarios rizados. En el año 1951 fue reconocido el estándar técnico, junto con su Planilla de enjuiciamiento, del Canario "Gibber itálicus", cuja foto, de Francisco Aparicio, presentamos aquí.

Desde los tiempos de Juan de Béthencourt, conquistador de las Islas Canarias, hasta nuestros días (1404-1982) han transcurrido 578 años, que son los mismos que de existencia tiene una ciencia-arte-deporte-pasatiempo- llamado CANARICULTURA, cuyos fines no deben ir mas allá de lo que nos sugiere esta imagen. (Foto: J. Moreno).

 

Los diseñadores ceramistas adoptaron, a su vez, el canario amarillo como tema, e hicieron muy graciosas porcelanas; al comienzo del siglo XVIII las manufacturas de Vincennes produjeron piezas fascinantes que se han hecho muy raras y son hoy muy buscadas por los coleccionistas, en las que el canario aparece generalmente colocado den­tro de un entorno natural, a menudo sobre una rama.

Muchos canarios, durante la Revolución Francesa, cambiaron de dueño. Pero, ricos o pobres, todos los amaban. Desgraciadamente, aunque el canto del canario alegra el corazón de los hombres, no se puede decir que los mejore. Se cuenta que el siniestro Marat preparaba sus listas para la guillotina mientras escuchaba el gorjeo de su canario favorito...

Una nota final. ¿Quién dio nombre a quién: las Canarias al pájaro, o el pájaro a las Canarias, como ya duda, literariamente, el Padre Antonio Franco en su Vida de Anchieta? Aunque no podemos detenemos ahora en este punto, que tenemos estudiado históricamente, con abundantes referencias, en otro lugar, la cuestión hoy no admi­te duda; el canario recibió el nombre, al llegar a Europa, de su pais de origen, como ya registra Von Gesner en 1555. De la misma manera que el champán, el jerez o el oporto se llaman asi por el lugar de su procedencia, la buganvilla por el naturalista que la dio a conocer, la tela nanquin por la ciudad china del mismo nombre, etc.

Como anécdota, puramente literaria, digamos que hay quien ha dividido a los habitantes de Canarias en dos clases. En la primera, de acuerdo con la etimologia recibida, el nombre procede del latin canis «perro», y produce a los canarios que ladran. La otra, que tiene como epónimo a nuestro pájaro universal, es la que da origen a los canarios que cantan... Cuique suum!

 

 

Juan Régulo Pérez 

EDICIONES DEL EXCELENTISIMO CABILDO INSULAR DE GRAN CANARIA - 1979

 

© LAS AVES REDORNI - 1979


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